27 mayo, 2018

¿Qué mora en tu corazón?

Últimos sermones

16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. – Col. 3: 16-17

Hay una progresión en esta carta. Pasa de tratar con las características del verdadero creyente que ha pasado de muerte a vida y que se está revistiendo con las vestiduras (carácter) de Cristo y luego tratar las implicaciones que ese carácter del cristiano como individuo tiene en su relación con los otros creyentes. Va de una visión individual a una perspectiva corporativa. La iglesia como cuerpo de Cristo se convierte en el énfasis del texto a partir del v.13 hasta el 17. Llegamos al punto culminante de la descripción que hace Pablo de las relaciones entre los creyentes en estos dos versículos que tenemos hoy.  

El sermón de hoy nos habla de que es esencial como verdaderos hijos de Dios, hacer que la Palabra de Cristo more, habite y se constituya verdaderamente en nuestro guía. Que sea el evangelio de Cristo la motivación para todas nuestras relaciones, para todas nuestras conversaciones y para todas nuestras acciones. No puedes vivir una vida que se llame cristiana, ni crecer en santidad, ni relacionarte con tus hermanos, siguiendo tus propias intuiciones, o haciendo caso a tu sabiduría humana, o andando por la vida según tu voluntad. Sino solamente acudiendo, creyendo y obedeciendo la preciosa Palabra de Verdad. Siendo dócil a la enseñanza y a la exhortación de tus hermanos, que avanzan contigo en el Camino. No puedes presentarte ante el Padre en oración sin que tus palabras concuerden con la voluntad que ya conoces por la Palabra de Dios. No construyes una relación basada en el amor verdadero por tus hermanos, a menos que la Palabra de Cristo abunde ricamente en tu corazón.

Exclama como el salmista: ¡Oh cuánto amo yo tu ley. Todo el día es ella mi meditación! ¡Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley!” “Tus testimonios son mis delicias y mis consejeros”

Ama la Palabra, Canta la Palabra, Enseña la Palabra, Exhorta con la Palabra, Ora la Palabra. Haz todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Cristo.